Les gusta o no el dedito en el culo?

Hace algún tiempo hice un sondeo en facebook sobre lo que los hombres pensaban sobre esta práctica, porque junto a Yuli Ayure Daza, escritora de LA REVISTA CARTEL URBANO, queríamos presentar un artículo novedoso. [Entre a este link para encontrar el artículo: http://cartelurbano.com/sexo/le-gusta-que-le-metan-el-dedo ].

A diario las tendencias sexuales son más exigentes para las personas conservadoras, en el caso del dedo en el culo, aún estando en el siglo XXI, muchas personas retoman posturas arcaicas que usan como excusa para no acceder a la práctica: me vuelvo marica, el hombre es quien penetra, no la mujer; el ano no está hecho para eso, etc… Lo cierto es que en la actualidad son más las mujeres abiertas a explorar su sexualidad y necesitan hombres capaces de asumirlo de igual forma. Una mujer jamás va a meterle el dedo en el culo a un hombre para volverlo marica o hacerlo sentir menos hombre, todo lo contrario, lo que quiere es proporcionarle más placer, creo que ésta, al igual que muchas practicas hacen parte del reconocimiento a nuestro cuerpo y limitarnos a practicarlas, simplemente nos deja en la ignorancia y por fuera del mercado sexual que hoy en día requiere hombres con mente abierta.

A los chicos les gusta o no les gusta que les metan los dedos por la cola? Consideran a esta una práctica homosexual?…

Posted by Lincy Acosta on Viernes, 17 de julio de 2015

 

 EL DEDO, LA HORA DE LA SIESTA Y LA POLÉMICA.

La miro con ojos de deseo, la penetro con el brillo de mis ojos producto de la excitación provocada por sus piernas color canela descubiertas por la forma en que se encuentra sentada. Ella sabe, sabe que me provoca, ella sabe que mi madre saldrá y quedaremos solos, ella, sentada a mi lado frente a la tele, extiende su mano derecha y empieza tocar su juguete preferido, mi pene, lo acaricia, lo mueve, me masajea las bolas y se ríe al ver lo duro que se va poniendo duro:

“me encanta como se va parando en mis manos, yo lo controlo, yo lo domino, es mía esta”.

Solo lo suelta, al ver que mi mamá se despide de nosotros. El miembro sigue erecto, se pone a mil, ella a dos mil, la hora de la siesta se ha convertido en el momento de despertar los poros. Si, a esa hora muchos descansan y laboran, nosotros nos sumergimos en la calentura, la levanto de su silla, la coloco frente a mí, le abro el vestido de jean con broches hasta abajo, esa acción violenta nos enciende aún más. Mi dos manos recorren sus piernas de abajo arriba, mientras voy subiendo con mis lengua, larga, dura, mojada y caliente desde su vientre, abdomen, debajo de los senos, breve lamidas de pezones, cuello, seguido de un rico beso calentón. Beso que acompaño de apretón de nalgas de ella, empujándola hacía mi pelvis. Ella, siente el bulto, siente el calor de mi cuerpo, suspira y gime seguidamente, me empuja hacía la silla y toma el control, baja mis pantaloneta, como desesperada por sacar su juguete, me mira, lo agarra y lo pajea, le da una lamida desde las bolas hasta la punta; introduciéndole en su boca. Ella sabe que me gusta cuando lo empapa de saliva. Yo se que a ella le encanta mojarlo con su boca. Ella sabe que me encanta que me la chupe. Yo se que a ella le encanta chupármela. Ella juega con sus manos justo después de mis bolas. Yo se que a ella mis gemidos de placer al jugar así la prenden más.

“Quiero que me la metas ya. Méteme esa verga ya papacito”

Me levanto, la coloco de espaldas a mí, la arre cuesto a la pared, le arrebato el vestido, le beso toda la espalda; bajando con mi lengua hasta sus nalgas, abriéndolas y lamiendo ese culo y siento esa humedad que viene de su vagina rica, olorosa y sedienta de verga. Se la chupo, se la lamo, le meto un dedo el cual se va suavecito y rápido del charco que emana de su sexo.

Me pongo de pie nuevamente y le hablo al oído:

“Sé que quieres esta picha, se que quieres que te la meta, se que quieres que te estruje y de cómo te gusta Ah… Dale, pídeme, ¿la quieres?

Si…

¿La quieres mi putica?

Si…

¿Ya o te sigo metiendo los dedos así?

Ahhhhhhhh… (Exclama y gime)

Dime, ah, arrecha…”

Jueputa cómeme, méteme esa verga ya papi rico…”

La halo, la cargo hasta la mesa del comedor de madera en la sala;

“Mmmmm…”

 Y entra el paquete a la gloria, sin obstáculo alguno, arrastrado por la humedad de su vagina, impulsado por mis caderas dominantes de mí ser y complementadas por sus manos.

“Mmmmm…  Que rico Jueputa… Shhhhh… Ayyyyy Papiiiii…”

Su arrechera lleva sus manos a mis caderas, me agarra las nalgas, me las aprieta, se pega a mí; mirándome a los ojos, ojos rojos y brillantes que observo y parecen tiritar al son de mis gemidos. Así, sin avisar, pervertida y peligrosamente delicioso, moja  sus dedos con su boca, los lleva nuevamente a mis nalgas y empieza a masajear, de arriba abajo, hasta meterlos mientras me mira encendida en placer y yo siguiéndola en su libido. La presión aumenta, el vaivén sube.

“Ahhhh….

M….Dame papi…

Sigue mami, rico mi perra…. Mmmmm…”

La soledad de la hora de la siesta, es interrumpida por los gritos de júbilo. De seguro ya los vecinos están acostumbrados, pero no han dicho palabra alguna en tanto tiempo.

 “Ahhhsss mami que delicia eres, me pones a mil…

Y tú a mi papacito…

Jajajajajaj mientras discuten en la página de Lincy si soy gay o no, tú y yo disfrutamos de mi masculinidad…

Que si que papacito, si supieran…”

 

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