Ilustracion de: larouge

Nunca pensé en convertirme en una amante empedernida del acto sexual cuando fui criada con los más altos estándares de moral y educación, pero ¿Quién no pierde el respeto cuando de sexo se trata?

Recuerdo con agrado las tardes largas con mi primer amor sexual. La primera vez con él no fue gran cosa, en mi afán por querer más de él, termine follándomelo hasta el alma, y le recuerdo aun después de tanto tiempo como la experiencia que más ha provocado humedad en mí.

Un hombre maduro, independiente, con experiencia y con ganas de hacerle el amor a una jovencita con sed de probar.

Llegue a su apartamento sin nada en mente (por esos días discutimos) más que hablar. Tal fue mi asombro cuando al entrar por la puerta me tomo por la cintura y me empujo a una pared besándome de una forma fuerte y tocando mi cuerpo por encima de la ropa, con rapidez me giró dejándome de espaldas a él mientras me arrebataba las prendas diciéndome locamente como quería clavarme en cada espacio de su cama, de su baño, de su alfombra.

Mordiendo mi nuca acercaba mi culo su miembro, duro y espontaneo; yo empezaba a mojar la entrepierna, entre aterrada y excitada, me sometía a él. Sin darme cuenta solo quedaba mi pantalón debajo de mis muslos tensionados y allí enrollada mi ropa interior mojada y con olor a sexo.

Sentía en mis nalgas frías ese  jugoso miembro hambriento de mí, mientras acariciaba mi pezón duro entre sus dedos, con la otra mano acariciaba mi clítoris, el cual estaba dispuesto en sus dedos mojados con su rica y divina saliva. Poco a poco fue soltando sus manos para llevarlas a mis caderas, luego a mis muslos y estando lista, en posición, poco a poco fue metiendo su erecto pene en mi vagina, la cual chorreaba deseo.

Empezó con la punta como jugando  a querer y no querer meterla, sin previo aviso me clavo hasta el fondo y se pegó tanto que podía sentir su pecho sin ningún espacio en mi espalda, sentía que quería meter sus bolas en mí.

Unos segundos más y salió con afán de desnudarme por completo.

Me vi justo enfrente suyo bajando a su miembro, me lo comí con tanto gusto que mi boca se dormía a causa de su líquido, quería que él dejara todo en mi boca, que me dejara llena de tanto besarlo, pero él tenía otros planes, me llevo a su alcoba diciendo querer culearme hasta morir, me llamaba puta y tocaba su polla, me encantaba que me llamara así, todo eso me ponía más caliente y con el corazón casi que palpitante en mis labios vaginales.

Se acostó en su cama y yo lo cabalgue por un tiempo, amaba ver su cara al ver mis tetas saltando, mordía sus labios y me miraba con ganas de que nunca se acabara. Allí tuve mi primer orgasmo, esa tarde lo moje por completo hasta que nuestras pieles se pegaron y sin sacarlo en un movimiento me puso debajo y sí, me culeo como nunca.

Autor: Yita

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2 thoughts on “¿Quién no pierde el respeto cuando de sexo se trata?”

  1. Wao. No quiero parecer un sadico pero fantacie con que era yo el que ye hacia todo lo que describer en tu articulo.

    PD
    Si te da picor en tus pechos es que la proxima mia tiene tu nombre. Jajajaja lindo dia…!!!

  2. Wao. No quiero parecer un sadico pero fantacie con que era yo el que ye hacia todo lo que describer en tu articulo.

    PD
    Si te da picor en tus pechos es que la proxima mia tiene tu nombre. Jajajaja lindo dia…!!!

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