0 Comments

Juanita consigue lo que tanto desea. Sentirse llena
Almudena regresó a su cuarto, en donde su marido seguía roncando. Se metió en la cama, dispuesta a dormir, pero le costó conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en lo que estaba pasando con su hija. Había hecho el amor con ella, y había sido fantástico: Jamás pensó que pudiese hacer algo así. El incesto para ella era algo atroz, pero lo que había vivido con Juanita había sido hermoso. Se sentía más unida a su hija que nunca.
Concilió el sueño y durmió el resto de la noche.
La despertó por la mañana Antonio, que después del largo viaje venía juguetón. Almudena abrió los ojos lentamente cuando sintió como una cálidas manos le acariciaban las tetas y algo duro se apoyaba contra su culete.
-Ummm, buenos días…a los dos – dijo, meneándose contra la dura polla de su marido.
-Buenos días. Me he levantado contento.
-Ya lo noto, cariño.
Se dio la vuelta y se abrazaron, se besaron con pasión. Esta vez Antonio no estaba tan ansioso como la noche anterior. Fue más lento, más cariñoso, y consiguió que Almudena se excitara. Cuando se arremangó el camisón, se subió sobre ella y la penetró, se encontró con un coño bien lubricado, deseoso. Besando a su mujer, le hizo el amor lentamente, acariciándola, lamiendo su cuello en los puntos que sabía que la hacían estremecer.
Almudena estaba sorprendida de como se estaba comportando Antonio. No solía ser así. Solía ser más…rápido. Cerró los ojos y gozó de la sensación que la dura polla, de verdad, no de plástico, le producía. No pudo evitar pensar en Juanita, en lo que hicieron juntas. En como se tocaron. En como se corrieron. Todo eso se sumó junto al placer que su marido le daba y la llevaron a un maravilloso orgasmo. Hacía mucho tiempo que no se corría antes de Antonio. Lo abrazó con fuerza, con los brazos y con las piernas, empujándolo contra ella, haciendo que le clavara la polla hasta el fondo y estalló de placer.
Antonio, al sentir como el cuerpo de su mujer se estremecía, se tensaba, como su coño tenía espasmos alrededor de su polla, también se corrió, llenando el cálido coño de su mujer con su hirviente semen. La sensación de aquél caliente líquido golpeando el fondo de su vagina aumentó la fuerza del orgasmo de Almudena.
Los dos quedaron quietos, recuperándose del intenso placer que habían sentido. Se miraron a los ojos, sonriendo.
-Te quiero, Almudena.
-Y yo a ti, Antonio. Vaya polvazo que me has echado.
-Ummm sí, no ha estado mal. Te encontré, no sé. Distinta.
-¿Distinta?
-Sí. Más excitada que otras veces.
-Ah…es que te echaba de menos, mi amor – mintió.
Ninguno de los dos se percató que de Juanita los espiaba, escondida en las sombras del pasillo.
-Tengo hambre, mi amor. ¿Desayunamos? – preguntó Almudena.
-Tengo sueñito. Dormiré un poquito más.
-Vale. Descansa.
Le dio un último beso y lo dejó dormir. Fue a la cocina, pero antes tenía que pasar por el baño a lavarse. Notaba que el semen de Antonio empezaba a salirse. Se tapó el coño con una mano y se dirigió al baño. Justo cuando entraba, Juanita apareció y entró con ella.
-Hola mami.
-Hola tesoro – saludó Almudena, un poco cortada por tener la mano tapando su goteante coño.
-Vaya polvazo que te ha echado papá, ¿Eh?
-¿Lo has visto? – preguntó, sorprendida.
-Sí. Todo.
-Gamberra
Juanita miró la mano de su madre, y luego a sus ojos. Sonrió. Se acercó a ella, cogió la mano y la levantó. La palma estaba mojada, Había un poco de semen. Acercó su boca y lamió la mano de su madre. Almudena miraba, mordiéndose el labio inferior, excitada de nuevo.
-¿Venías a lavarte, mami?
-Sí.
-Ummm ya te limpio yo.
Juanita hizo sentar a su madre al borde de la taza del water. Una pierna la puso sobre el borde de la bañera. La otra abierta hacia el otro lado. Almudena se dejaba hacer, mirando a su hija, que lentamente, se arrodilló entre sus piernas.
Juanita observó el abierto, el ofrecido coño de su madre. Hinchado, sonrosado, rezumando líquidos. Los jugos de su madre. La leche de su padre. Anoche la había probado, y le había gustado. Sentía un morbo especial al saber que era el semen que le había dado el ser.
Acercó la boca y lamió, pasando la lengua desde la entrada de la vagina hasta el inflamado clítoris, recogiendo la rica mezcla, haciendo estremecer a su madre. Saboreó el salado manjar. Su lengua empezó a recorrer los labios, circundando el clítoris, para luego atraparlo entre sus labios.
Almudena miraba hacia su hija, que la miraba desde entre sus piernas sin dejar de lamerla, de chuparla. Su lengua le arrancaba gemidos de placer.
-Ummmm Juanita….que rico….
-Si mami…rico…me gusta comerte el coño…
-Agggggggg y a mi…que me lo comas…
-Me gusta comértelo …lleno de leche
-Juanita…..ummmmmm
-La leche de papá…
Puso la boca en la entrada de la vagina y sorbió con fuerza. Su boca se llenó y tragó con placer.
Almudena estaba ya al borde del orgasmo. Juanita lo notó por como empezó a gemir, a mover sus caderas, así que se dedicó a lamer y chupar su clítoris, al tiempo que metía dos dedos en el coño de su madre y lo follaba con ellos.
El orgasmo fue brutal. Todos los músculos del cuerpo de Almudena se tensaron. Dejó de respirar unos segundos maravillosos, durante los cuales todo fue placer, infinito placer. Juanita recibió en la cara, en la boca, los jugos que su madre expulsaba durante el orgasmo.
Cuando la sintió relajarse, cuando el orgasmo poco a poco desapareció, le besó con ternura los muslos. La cara de Juanita estaba mojada, llena de flujo. Llena del olor de su madre.
-Mami…
-Ummm. – respondió Almudena, aún flotando en placer
-No puedo más.
-Mi niña, ven aquí a que mami te acaricie.
-Mami…cómemelo.
Era justo. Juanita lo había hecho ya dos veces. Las dos veces dándole un inmenso placer. Ahora ella tenía que devolvérselo. Jamás pensó el lamer otro sexo como el suyo. Jamás tuvo deseos de meter su cara entre las piernas de otra mujer. Tampoco jamás había pensado besar a otra, masturbarla, y lo había hecho. Le había gustado.
Intercambiaron los papeles. Juanita se sentó en el warter y abrió sus piernas. Su madre se arrodilló entre ellas y miró el coñito, abierto, deseoso de amor.
-Mira como estoy mami – dijo Juanita abriéndose los labios con los dedos
-Estás chorreando, mi vida.
-Ummmm sí… el mío no tiene lechita, mami. Sólo mis juguitos
Almudena acercó su cara. El sexo de su hija le pareció hermoso. Su aroma, embriagador. Y su sabor… Su sabor la cautivó. Empezó a lamer los labios, por fuera. Juanita se retorcía. Era la primera vez que alguien lamía su parte más íntima. Cuando sintió la suave lengua de su madre lamer su clítoris se corrió. La excitación que tenía era tanta que un simple toque bastó para hacerla estallar. Almudena recibió, sorprendida y sin esperarlo, el orgasmo de Juanita en la boca, en forma de flujo vaginal. Cerró los ojos y lo lamió.
-Agggggg Mamiiiiiiiiiiii que rico..más…más.
Almudena siguió lamiendo el coño de su hija, chupándolo. Se ayudó con los dedos, metiéndolos en la vagina, buscando ese punto que a ella le daba tanto placer. En cuanto lo encontró y lo frotó con los dedos, Juanita volvió a estallar, temblando, tensándose, apretando la cabeza de su madre contra ella.
-Aggggg Ma… mi…..más…más.
Almudena siguió. Juanita parecía no tener límites. Deseaba más placer, más. Y su madre se lo dio La siguió follando con los dedos. La siguió chupando, lamiendo, tragando los jugos que salían sin parar de aquel rico coñito. Juanita meneaba las caderas, buscando la lengua, los dedos. El placer que sentía era fantástico. No quería que terminara.
-¿Te gusta mi vida? ¿Te gusta que mami te coma el coño?
-Uf..sí mami…mucho..que cosa más rica……
-Ya veras cuando encuentres a un hombre que te folle bien follada. Con una polla de verdad, no de plástico.
-Aggggggg mamá…..
-Una buena polla, que te llene el coño….de leche calentita..
-Agggggg siiiiiiiiiiii
El tercer orgasmo fue el definitivo. Arrollador, potente, que dejó a Juanita sin respiración durante largos segundos, durante los cuales su madre no dejó de mover su lengua. Todos su ser gozó, y al final tuvo que apartar a su madre de su coño. Necesitaba descansar, reposar de tanto placer. Miró a su madre, que le sonreía desde entre sus piernas. La cara de su madre estaba brillante, llena de sus jugos.
-Será mejor que te laves la cara, mami. Si papá te ve así se preguntará que en qué coño has metido la cara! jajajaja
-jajajaja. Sí, mejor me lavo.
-Oye mami..
-Dime tesoro.
-¿Tú crees que…?
-¿Sí?
-No nada.
-Venga. Dime
-Era una bobería, mamá. Nada.
-Vale.
Lo que Juanita había estado a punto de preguntarle a su madre era que si su padre querría hacerlo con ella. Pero se lo pensó mejor. Es cierto que había cometido incesto con su madre. Que le había encantado y que no se arrepentía. Había surgido así, sin buscarlo. Pero era consciente de que no todas las personas aceptarían romper ese tabú. Quizás su padre no lo entendería. Mejor no arriesgarse.
“Hay más peces en el río”, se dijo.
Durante los días que Antonio estuvo en casa antes de volver a marcharse, Almudena lo aprovechó bien. No esperaba a que él la buscase. Ella le metía mano y echaban un buen polvete, que los dejaba a los dos satisfechos. A Juanita le dejó el consolador. Muchas veces, cuando Antonio dormía, las dos mujeres se veían a escondidas y se amaban. A Juanita le encantaba lamer a su madre recién follada, con el coño aún lleno de la leche de su padre. No especialmente porque fuera de su padre. Si hubiese sido la de cualquier otro hombre le hubiese gustado igual.
Por las noches, cuando sabía que su madre estaría en esos momentos siendo bien follada, mientras ella misma se follaba con la vibrante polla de plástico, cerraba los ojos y se imaginaba que era un hombre quien se la follaba. Imaginaba como la besaba, la acariciaba, y como al final, estallaba dentro de ella, llenándola como su padre llenaba a su madre.
Pero el consolador, que la mataba de placer, no se corría. No le deba el premio final. Tenía que conformarse con beberlo de su madre.
Su padre se marchó otra vez con el camión, hasta Dinamarca. El vibrador fue otra vez compartido por las dos mujeres. Otra vez la una lo usaba mientras la otra miraba, o lo usaba con la otra. Juanita echó de menos el sabor del semen mezclado con los jugos de su madre. Por supuesto que le encantaba al natural, sin aditivos, pero no era lo mismo.
Vivían en un edificio de varias plantas, con ascensor. Conocían prácticamente a todos los vecinos. Un día, Juanita coincidió subiendo con Manuel, Manolo, un chico al que conocía desde siempre. Era callado, tímido como ella. Ni guapo ni feo. Normalito.
-Hola Manolo, ¿Qué tal?
-Hola Juanita. Pues bien.
Manolo, galante, le abrió la puerta del ascensor y le marcó su número. Subieron callados, como siempre. Juanita lo miró. Y entonces, sin saber por qué, le vinieron a la mente las palabras que le dijo su madre: “Para que te llenen el coño de leche no hace falta tener novio”.
¿Por qué no? Un hombre conocido, de vida aparentemente normal. Sintió que las mejillas le ardían. Se estaba ruborizando sólo con la idea. Se armó de valor.
-Manolo… ¿Te gustaría follarme?
Si a Manolo lo pinchan en ese momento, no sangra. Toda la sangre se le había ido a la cara, enrojeciéndola. Miró a Juanita asombrado, con los ojos abiertos como platos.
-¿Qu…qué?
-Que si te gustaría follarme.
Los dos estaban rojos como pimientos. Los dos con el corazón latiendo con fuerza. Manolo miraba a Juanita. La conocía desde pequeñita. Aunque era algo gordita, era una chica muy guapa. Y a él le asustaban las chicas guapas. Bueno, las chicas en general. Dejó de ser virgen a los 19, pagando. No había tenido novia, ni formal ni de otra clase. Y ahora, aquella chica le preguntaba si quería follársela.
-¿Es una broma, Juanita?
-No, es en serio.
En ese momento, el ascensor se paró en el piso de Juanita, se abrió la puerta automática y ella abrió la puerta manual, saliendo.
-Bueno, Manolo, ya sabes Si quieres, ya sabes donde estoy.
Cerró la puerta y el ascensor siguió subiendo, con un estupefacto Manolo dentro. Juanita no se podía creer lo que había hecho. Pero ya estaba hecho. Estaba nerviosa, asustada, avergonzada y cachonda. Todo junto, todo mezclado. Entró en su casa y llamó a su madre, para contárselo, pero no estaba. Aún se notaba las mejillas coloradas.
El ascensor llegó al piso de Manolo, la puerta automática se abrió, esperando a que el pasajero se bajara, pero Manolo estaba petrificado. No se quitaba de la cabeza las palabras de Juanita “¿Te gustaría follarme?”.
Pues claro que le gustaría. Estaría encantado, pero era tan cortado, tan tímido, tan miedoso, que su cuerpo estaba como windows, parado, ni para adelante ni para atrás. Apretó los puños, cerró lo ojos y se dijo “¡ Pero qué coño!”.
Alargó la mano y pulsó el piso de Juanita. Las puertas se cerraron y el ascensor empezó a bajar. El corazón de Manolito se le quería salir del pecho. Cuando paró el ascensor se bajó y se dirigió a la puerta de la casa de Juanita.
Juanita estaba en la cocina, bebiendo un vaso de agua cuando sonó el timbre. La cogió por sorpresa y se sobresaltó, mojándose la blusa con un poco de agua. Dejó el vaso y fue a abrir. No se esperaba encontrar a Manolo al abrir la puerta.
-Sí, quiero – le dijo un ruborizado Manolo al abrir la puerta.
Casi se la cierra en las narices, pero ya estaba hecho.
-Pasa.
Manolo entró y oyó como Juanita cerraba la puerta tras de él. Los dos jóvenes se miraron. Manolo consiguió aguantarle la mirada. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
-Espero que no te vayas reír de mí, Juanita, que esto no sea una broma
-No es ninguna broma, Manolo.
Ninguno se atrevía a dar el primer paso. Sólo se miraban el uno al otro. Al final, Juanita le dijo que la siguiera, y se fueron a su cuarto. Manolo miró la cama. La cama en donde se imaginaba que se acostaría con Juanita. Ella se sentó en la cama.
-Ven aquí, siéntate a mi lado
Él se sentó, pero sin tocarse.
-Manolo, verás…es mi primera vez. Estoy algo nerviosa.
-Bueno, yo también estoy algo nervioso.
-¿Te parezco guapa?
-Si, mucho.
Juanita miró la entrepierna de Manolo. El muchacho estaba excitado.
-¿La tienes dura?
-Sí.
-¿Puedo? – dijo, acercando la mano
Manolo lo dijo nada, sólo miró como la mano de Juanita se acercaba hacia su polla. La sintió posarse suavemente, haciendo que se pusiera más dura. Juanita, con el corazón desbocado, pasó la mano a lo largo del duro bulto. Notó que su coño le ardía. Deseaba verla, tocarla. Bajó la cremallera y metió la mano por la abertura. Se encontró primero con los calzoncillos, y con algo caliente debajo de ellos. Recorrió aquello con los dedos. Se sentía temblar.
La agarró con la mano y oyó gemir a Manolo. Le pareció que aquella polla era de buen tamaño. Intentó sacarla, pero no pudo. No era experta en esas lides, aún.
-Sácatela – le urgió.
Manolo se abrió el botón del pantalón. Ahora pudo con facilidad bajárselos un poco. Juanita miró el enorme bulto que se apreciaba ahora bajo los calzoncillos. Cuando al fin fueron bajados, ante ella apareció aquella polla, tiesa, desafiante. Muy parecida a su querido consolador, tanto en tamaño como en grosor. Pero era de verdad. La veía palpitar.
Acercó la mano y la cogió. Le encantó su tacto. Dura y a la vez suave, caliente. Sentía como palpitaba entre sus dedos. Miró a Manolo, que la miraba con los ojos entornados. Era la primera vez que una mujer le cogía así la polla. La primera vez que una mujer le pedía que la follara.
-Me gusta tu polla, Manolo – le dijo, empezando una lenta paja.
-Ummmm Juanita…
-¿Te gusta esto?
-Uf…mucho
Aceleró el ritmo de la mano, haciendo que el muchacho gimiese con más fuerza. Se dio cuente que de la punta de la polla salía un líquido transparente. Lo recogió con un dedo. Era como una babilla.
-¿Qué es esto?
-Me sale…aggggg cuando estoy muy cachondo.
-¿Estás muy cachondo ahora?
-Juanita…nunca había estado tan excitado en toda mi vida. Si sigues así me correré enseguida.
-No no…todavía no. Quiero que te corras dentro de mi coño, que me lo llenes de tu leche.
Juanita no sabía que esas cosas no se le pueden decir a un chico que estaba el el grado de excitación en el que estaba Manolo, y menos cuando le estás haciendo una estupenda paja mirándolo a los ojos. Pasó lo que tenía que pasar. Aquella polla empezó a lanzar chorro tras chorro de caliente semen, que salía disparado con fuerza, describiendo una parábola en el aire y cayendo al suelo. Juanita, asombrada, miraba como con cada espasmo de la polla salía un chorro de semen. Los primeros 4 disparos cayeron todos al suelo. Los siguiente, ya con menos fuerza, caían sobre la mano de la chica.
La cara de Manolo era de puro éxtasis. Cuando la polla dejó de manar, se miraron.
-Lo… lo siento. No lo pude evitar.
-Joder, Manolo. Vaya corrida.
Juanita se miró la mano, con dos churretones de blanco y espeso semen. Ya había saboreado el semen de su padre, pero mezclado con los jugos de su madre. Se llevó la mano a la boca y recogió con la lengua la leche de Manolo. La saboreó y se la tragó. Manolo la miraba asombrado. Aquella chica era muy caliente. Jamás lo hubiese imaginado.
-Ummmm está rica también, así sola.
-¿Sola?
-Jajajaja. Sí cosas mías.
Manolo miró a Juanita. Le pareció muy hermosa, riéndose, con una linda sonrisa. Nunca hubiese creído que ese día iba a estar sentado en su cama, que ella le haría una paja hasta hacerlo correr y que luego se tragaría su leche de la mano. Y él allí, quieto como un pasmarote. De eso nada.
Se abalanzó sobre ella, haciéndola caer hacia atrás. La agarró por los brazos, manteniéndolos con fuerza contra la cama. Se miraron a los ojos. Las pupilas de Juanita se dilataron. Le encantó la mirada de Manolo. Llena de deseo.
Lentamente, los labios de él se acercaron a los de ella y la besó. Cuando Juanita sintió su primer beso, todo su cuerpo fue recorrido por un agradable cosquilleo. Cerró los ojos y entreabrió los labios. El beso se fue haciendo más intenso. Las lenguas empezaron a conocerse, a explorar la boca del otro. Juanita volvió a estremecerse cuando sintió una de las manos de Manolo empezar a acariciar sus tetas, con delicadeza, pero a fondo. Sentía como trataba de abarcarlas, como con las yemas apretaba sobre sus ya duros pezones.
Manolo bajó lentamente la mano y la metió por debajo de la blusa, y llegó otra vez a las tetas de Juanita. Ahora, con sólo el sostén entre sus dedos y la piel de ella, pudo notar con más claridad los pezones. Juanita gemía en su boca.
-Ummm Manolo, me estás poniendo muy cachonda.
Él no dijo nada. siguió besándola. Sus labios, su boca, y después, su cuello, su orejita, al tiempo que la mano bajaba por su piel. Le hizo cosquillitas cuando pasó por su ombligo, y la hizo estremecer cuando se introdujo por debajo de la falda y llegó hasta su bragas. Abrió las piernas para darle paso.
Manolo se encontró con unas bragas muy calientes. Muy calientes y mojadas. Besando a Juanita, empezó a acariciar el monte de venus y luego más abajo. Recorrió con un dedo la rajita, sobre la braga. Ella se estremeció toda.
-Aggggggg sigue…que rico.
Manolo, animado por el placer que le provocaba a la chica, metió la mano por dentro de la húmeda prenda y tocó su primer coño. Nunca olvidaría esa sensación. Suave, caliente, mojado, babosito. Sus dedos recorrían los labios vaginales, la rajita. Tocó un punto que hizo arquear la espalda de Juanita, gemir con fuerza. Encontró el clítoris y lo frotó con suavidad, no directamente, sino por los alrededores. Ella meneaba las caderas, llena de placer.
-Manolo… que bien me tocas…como me tienes…
La confianza del muchacho aumentó. Le quitó la bragas y le abrió las piernas. El coño de Juanita le pareció la cosa más hermosa que había visto. Ella lo miraba, sonriendo, con los ojos brillantes.
-Manolo…no puedo más…Fóllame
Ni se desnudaron. Él ni se quitó los pantalones. Se puso entre sus piernas, apuntó con su polla que salía por la abierta bragueta y se dejó caer sobre Juanita. Fue maravilloso como sintió la penetración. Como las paredes de la vagina se abrían al paso de su duro miembro, que parecía un cuchillo caliente atravesando mantequilla. Cuando estuvo toda dentro, se quedó quieto. Se miraron.
Al fin Juanita tenía dentro una polla de verdad. Una polla caliente, viva, palpitante. Pero no sólo era la polla. Era el cuerpo del hombre. Sentía su peso, su calor, y aquellos ojos que la miraban con deseo, aquellos labios que se pegaron a los suyos, aquella lengua que buscó la suya. Lo rodeó con sus piernas y lo apretó contra ella.
-Fóllame…Manolo….fóllame
Comenzó a moverse, lentamente, apenas saliendo y apretando a fondo, frotando. Los dos amantes gemían, gozando de sus cuerpos. Juanita acarició la nuca de Manolo cuando él puso su cabeza entre su hombro y su cuello, besándolo, moviéndose más deprisa, follándola con más fuerza.
-Agggggg Manolo…síiiii así…..más….
Más la folló. La excitación de ambos los llevaba sin remedio a un explosivo orgasmo. Gracias a haberse corrido con la mano de Juanita, Manolo pudo aguantar más, pudo conseguir hacer estallar a la chica. Pudo grabar en su mente la expresión de gozo de la cara de una mujer a la que provocaba un orgasmo. Su primera verdadera mujer. Miró sus ojos cerrados, su labio mordido. Sintió la tensión de su cuerpo bajo el suyo.
Y siguió follándola, sin bajar el ritmo. Juanita abrió los ojos y sonrió al hombre que la había hecho correr, que la había hecho gozar. Al hombre que la seguía follando sin parar, llevándola en volandas hacia otro maravilloso orgasmo. Pero esta vez deseaba que fuera compartido. Deseaba sentir en lo más profundo de su coño el calor del placer de Manolo.
-Ummm córrete…llename de ti….por favor…quiero sentirla…tu leche..dentro de mi.
-Juanita….aggg estoy a punto..no puedo más….
-No te retengas..llename el coño de leche…
Aquellas palabras fueron el detonante del orgasmo del chico, que apretando los dientes y dando un fuerte empujón, empezó a correrse. Juanita pudo sentirlo. El potente golpe caliente en el fondo de su coño. Y otro. Y otro más. Miró la cara de éxtasis de Manolo y también se dejó ir, se dejó invadir por el placer, que unió aún más a aquellos dos cuerpos. Cada chorro que se estrellaba dentro de su vagina era un espasmo de placer que recorría el cuerpo de Juanita. Ninguno respiraba. La tensión de sus músculos se lo impedía.
Cuando al fin el aire entró en sus pulmones y sus cuerpos se relajaron, Manolo quedó inerte sobre Juanita, que cerró los ojos y sonrió, llena de felicidad, y por fin, llena de semen a rebosar.
Manolo sacó fuerzas para darse la vuelta y quedad boca arriba, al lado de Juanita. Ambos mirando al techo, aún jadeantes. Casi a la vez, giraron sus cabezas, el uno hacia el otro. A la vez se acercaron el uno al otro. Y a la vez, se besaron.
-Ummm Manolo. Ha sido maravilloso. Gracias.
-Gracias a ti, Juanita. Esto es lo más maravilloso que me ha pasado en la vida.
En ese momento oyeron la puerta de la calle. Manolo se sobresaltó.
-Debe de ser mi madre.
-Coño. ¿Y si me pilla?
-Uf! Seguro que te mata por haber desvirgado a su niña – le dijo con rostro serio.
Manolo la miró con los ojos abiertos, con cara de pánico. Juanita no pudo evitar estallar de risa.
-Jajajaja. No tonto. No pasa nada. Espera aquí.
Él vio como la chica se levantaba y salía de la habitación, dejándolo allí, asustado. Se metió la polla en la bragueta y se subió la cremallera. Se sentó en la cama.
Juanita buscó a su madre y la encontró en la cocina, con bolsas del super.
-Hola mami. ¿De compras?
-Sí mi vida.
Juanita se acercó a su madre. Almudena la miró. Tenía un extraño brillo en los ojos. Una enigmática sonrisa. Cuando estuvo junto a su madre, le quitó la bolsa que tenía en la mano derecha, llevó la mano de su madre debajo de su falda y la puso contra su coño. Almudena lo encontró mojado, muy mojado. Demasiado. Algo húmedo caía en su mano. Juanita se la soltó y cuando Almudena la retiró y se la miró, vio que era semen.
-Mami, por fin me han llenado el coño de leche!
-¡ Juanita !..Pero…¿Quién..?
-¿Conoces a Manolo?
-¿El hijo de la del octavo?
-Sip. Ese Manolo.
Almudena se miró la mano, a su hija, y otra vez la mano.
-Ummm mami, tenías razón. Una polla de verdad es mucho mejor que el consolador. No veas lo bien que me ha follado.
-Pero su parece una mosquita muerta.
-Jajaja. Pues no veas que polla se gasta. Y…ummmm la ha usado muy bien
Almudena sintió que su coño se empezaba a mojar. Y cuando vio que Juanita acercaba la mano de su madre a su boca, sacaba la lengua lamía todo el semen, empezó a chorrear.
-Su leche en muy rica, mami. La probé al natural, sin mezclar..Ummmm
-¿Se la chupaste?.
-No. Le hice una paja y se corrió.
Juanita llevó otra vez la mano de Almudena a su coño. La frotó, manchándola de más semen.
-¿Quieres probarlo mami? Está rico.
Llevó la mano ahora hacia la boca se su madre. Almudena notó el olor. Esa rica mezcla de olor a semen y a jugos vaginales. Sacó la lengua y lamió la mano, la chupó, hasta dejarla bien limpia.
-Sí que está rico.
Oyeron la puerta de la calle cerrarse con cuidado.
-¿Pero qué..? No creo que el muy capullo – dijo Juanita, corriendo hacia su habitación, seguida por Almudena.
La encontraron vacía.
-El muy tonto se ha ido. Se acojonó – dijo Almudena
-Jajaja. Es que le dije que lo matarías por haberme follado.
-Jajaja. Que mala.
Almudena llevó su mano una vez más hasta el coño de Juanita. Aún rezumaba.
-Debió ser una buena corrida.
-Ummm sí mamá. Me sentí llena.
-¿Es rico, verdad? – preguntó, pasando el dedo sobre la rajita del coño de su hija
-Agggggg sí….
-Ven aquí. Cuéntamelo todo.
Juanita se tumbó en la cama, abrió sus piernas y su madre enterró su cara entre ellas, empezando una lenta comida de coño. Mientras Juanita le relataba lo sucedido, saboreó los últimos restos del semen de Manolo. Cuando Juanita le contó como se corrió al sentir la polla llenándola de leche calentita, se volvió a correr, ahora contra la boca de su madre, que la lamía y chupaba con amor.
CONTINUARÁ.

Asked question