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El asunto es éste. Tengo 47 años. Estoy separada y tengo dos hijos, uno de 22 años y una niña de 16. En marzo del año antespasado entré a estudiar psicología a una universidad y no he podido parar de tener sexo con chicos muy jóvenes.
La primera vez fue al final del primer semestre, una noche en la que muchos nos juntamos a estudiar para un examen. A pesar de que no hablaba mucho con nadie igual me invitaron, seguramente con la intención de hacerme un favor. Esa vez me tocó compartir la cama con un compañero. Hubo otra pareja que se acostó en un colchón al lado. Ellos empezaron a tener sexo y eso nos calentó. Acabé dándole una mamada y tragándome su semen. Él tenía 17 o 18 años.
Parece que en niño se anduvo jactando y eso me trajo cierta fama, porque noté cómo varios pendejos se me empezaron a acercar con actitud galante. Uno me ofreció que fuésemos pareja en un trabajo y me invitó a su casa un día en el que no había nadie. Era obvio lo que él quería y se lo dí. El pobre diablo no sabía cómo moverse. Ni me pudo quirar el sostén. Para otro trabajo hubo uno más que hizo lo mismo. Este, eso sí, parece que no pudo conseguir la casa para los dos solos. Igual le dí una mamada discimulando el ruido para que su mamá, que estaba en la pieza de al lado, no escuchara.
Después  he llevado a moteles a los que ya mencioné y a otros más.
Una vez una compañera me invitó a hacer un trío con su novio. Ahí viví mi primera y única experiencia lésbica. No me gustó ni me disgustó hacerlo con una mujer, pero me pareció interesante el juego de darle tanto placer a un pobre tonto con suerte.
Descubrí a un pendejo flaco con el pene gigante. Encontré a otro que me pedía que le metiera los dedos en el culo. Uno quizo darma por atrás y no lo dejé. A otro, que la tenía chica, fui yo quién se lo pidió y fue mi primer anal.
Hace unos días logré acostarme con uno de primer año.
Me gusta que no sepan qué hacer, cómo moverse, qué decir. Que tiriten, que tartamudeen, que eyaculen al minuto y que les de vergünza, o que me miren con cara de tontos y me digan “soy virgen”. Y me da risa que después me vean en la sala y no sepan cómo tratarme.

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