0 Comments

Estoy obsesionado con mi mejor amiga. Éramos compañeros de colegio. Tuvimos sexo sólo una vez, cuando ambos estábamos en el primer año de universidad en carreras distintas. Fue un día en el que me pidió que la ayudara a poner pasta muro en su pieza. No había nadie más en su casa. Recuerdo haber estado muy excitado con ella porque usaba una polera blanca transparente y no tenía puesto sosten. Ella es muy flaca. Sus pechos son muy pequeños. Tetas de cono con grandes pezones, como hinchados. Apostamos quién podía lijar toda una pared primero. No acordamos que estábamos apostando. Cuando le gané le pedí que se sacara la polera. Se ofendió. Dijo que era como si me pidiera que me sacara los pantalones. Le dije que si quería me los sacaba. Ella dijo que no me atrevía. Me saqué los pantalones, no los boxers. Tenía el pene totalmente erecto y se me marcaba muy notoriamente. No me esforcé por disimularlo. Yo notaba cómo no podía dejar de mirarme.
Nos pusimos a hablar sobre nuestras experiencias sexuales y sobre nuestras fantasías gran parte de la tarde. Ya al final de la jornada, me propuso que nos bañáramos juntos. Por supuesto acepté. Otros datos de su cuerpo: Su cara es chistosa. Es cachetona y de ojo grandes. En ese tiempo tenía el pelo negro y largo y usaba frenillos. Sus brazos son delgados y sus manos pequeñas. Tenía y aún tiene el abdomen trabajado. Cuando lo contrae lo suficiente se le marcan calugas. De sus tetas ya hablé. Su culo no es grande, pero está muy bien formado. Nalgas redondas y levantadas. Sus piernas son flacas y sus pies pequeños. Pero lo que me obsesiona no es nada de eso. No es tampoco su personalidad. Es su vagina. No me llamó la atención al principio. Una vagina muy peluda. Eso hasta que sentí su clítoris. Me arrodillé en la ducha para mirarlo bien. Era un clítoris muy grande, y por lo mismo fácil de lamer o de acariciar con los dedos o con el pene. Pero lo mejor vino después.
Al principio, en la ducha, producto del agua que caía, no había podido notar lo mucho que se mojaba. Después, en la cama, me di cuenta de cómo chorreaba fluidos. Yo no estaba haciendo nada especial. Sólo le lamía los labios vaginales y el clítoris y ella me dejaba la cara empapada. Cuando la penetré, con ella estando arriba mío, veía como saltaban chorros incluso hasta mi cara. Sentía también como el líquido me recorría las piernas. Era orgasmo tras orgasmo.
Después de un tiempo se emparejó con un compañero suyo de la universidad. Según me cuenta, le ha sido siempre fiel. A la fecha ya llevan cinco años juntos. Algunas veces, cuando hemos estado desinhibidos producto del alcohol o de lo que sea, le digo que su novio es un hombre afortunado. Ella, en cada ocasión, pregunta por qué, haciéndose la tonta. Yo siempre le respondo que por su vagina. Ella no se enoja, y me dice que si termina la relación con él me va a dejar probarla otra vez.

Answered question