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Perdí mi virginidad con una amiga del colegio. La experiencia había sido desastrosa. Estábamos en su fiesta de cumpleaños y ella en un momento, mientras bailábamos, acercó sus labios a mi oreja y me preguntó susurrando si quería dormir en su cama con ella. Yo sabía a lo que se refería. Ya nos habíamos dado besos y nos habíamos masturbado en plazas escondidos tras arbustos. Esa noche, cuando estaba a punto de metérselo, con el pene a centímetros de su vagina, eyaculé en el condón. Esperamos un rato y volví a intentarlo. La segunda vez duré menos de un minuto. Me dijo que no importaba, pero de ahí en adelante ya no quiso tener ninguna clase de relación sentimental conmigo más que de amistad. Hasta hoy somos amigos. Ella es tan hermosa. Estoy seguro de que si lo hubiese hecho bien esa vez hubiésemos empezado una relación. Pero no es de ella de quién quiero hablar.
El episodio de esa pésima primera vez me dejó muy mal anímicamente. Decidí prepararme para durar más. Dejé de ver tanta pornografía y seguí unos ejercicios que leí en internet. después de unos meses estaba ansioso por probar mis nuevas habilidades sexuales. pero no tenía con quién. Fue ahí cuando, tras mucho pensarlo, decidí contratar a una prostituta. Busqué en catálogos de internet pero ninguna llegaba a convencerme. Entendí que tendría que salir a buscarla en persona.
Una tarde mentí y le dije a mi familia que me iba a quedar a dormir donde un amigo. Salí con mucha plata que había ahorrado y fui hasta bustamante. Recorrí las calles muchas horas. Me hablaron prostitutas altas con tetas de silicona. No era lo que yo andaba buscando. Estaba por rendirme cuando encontré a la más perfecta de todas. Se veía como de mi edad. Su cara era realmente tierna, morena, con ojos grandes y muy negros y las paletas grandes como de conejo. Su cuerpo era hermoso, muy bien formado, aunque sin llegar a verse artificial como el de las estrellas porno. Parecía incómoda con lo que hacía y eso me gustó más. Me acerqué a saludarla. Me preguntó qué andaba buscando y le dije que todo lo que ofreciera. No hago anales, me dijo. Bueno, a mi no me importaba, tampoco quería eso, aunque si lo hubiese hecho por qué no.
Fuimos a un motel cercano. No se por qué le conté toda mi historia, la de mi experiencia con mi amiga y mi posterior entrenamiento. Creo que le parecí tierno, por lo que le contaba y porque tenía 16 años. Me mostró posiciones que dijo que me convenían, con ella recostada con las piernas al hombro y yo arrodillado ante ella. Igual no llegaba a sobrepasar los cinco minutos. Cuando sólo me la chupaba podía llegar a los 10.
Me dio su número y nos volvimos a juntar ocho veces más. Hubo una ocasión, creo que en la penúltima vez, en la que duré casi una hora. Recuerdo haber estado encima suyo, a lo misionero, y haber visto como gotas de sudor me caían del pecho. La últimas veces, cuando ya podía hacerlo bien, acabábamos candados y dormíamos acurrucados hasta que llegaba la hora de irnos del motel. Creo que ahí ya estaba enamorado de ella, pero no me daba cuenta.
Después entré a la universidad. Vino el primer año ; año del delirio; un buen año. Supe mantener un equilibrio perfecto entre ir a muchas fiestas, consumir muchas drogas,  pasar todos mis ramos, hacer vida familiar, conservar a mis amigos del colegio y culear bastante. GRAN LOGRO. Cada vez que lo hacía le daba las gracias a Sofía en mi mente. Y Después empecé una relación. Pésimo equilibrio entre estudios y vida amorosa. Relación de mierda más notas de mierda. Terminé la relación. Vino una vida aburrida más buenas notas. Hasta que en tercer año entré a trabajar como vendedor en una librería (de libros, no de artículos de escritorio) en un mall. Entré el lunes y todo normal hasta el viernes, pero el sábado apareció Sofía, que trabajaba ahí mismo como vendedora part time. Recién ahí me enteré de que su nombre era Sofía. Al principio me evitaba, hasta que una tarde, en el que nos tocó ir a colación juntos, le pedí que fuéramos amigos y le prometí que no le iba a contar a nadie su secreto (porque lo de la prostitución lo mantenía en secreto, claro). Un día, cuando íbamos saliendo del trabajo, le dije que me gustaría volver a tener sexo con ella. Mala mía. Lo dije de forma poco delicada, irrespetuosa, ofensiva, sólo porque había sido prostituta (ah sí, ya no lo era ni lo ha vuelto a ser). Me contestó que la verdad es que yo le daba un poco de asco, igual que todos y todas quienes habían sido sus clientes. Le dije que quería algo serio con ella, que la amaba de verdad, y se rió en mi cara.
Al poco tiempo se cambió de trabajo. Hoy me gustaría volver a contactarla para invitarla a salir, pero no sé como hacerlo. Quizá mi sentimiento, por como se dieron las cosas, está podrido desde la raíz y sólo debería olvidarme de ella.

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