-“Sino tenemos sexo hoy esta mierda se acabó…” , fue una advertencia muy seria, y a la cual no creo muchas mujeres cedieran, pero perder el mejor polvo que me he tenido  en mi vida durante dos años solo porque me sentía rara; pensándolo bien no era una opción muy buena y siempre el sexo con el me hacía sentir mejor, ese sexo duro y salvaje en donde las nalgadas las cachetadas las palabras sucias y los apretones fuertes era nuestra manera de desahogarnos y la mejor que hemos conocido hasta ahora. Entonces la cita estaba cuadrada para las 6 de la tarde para encaminarnos rumbo a las Ferias. Entre en su carro y como raro con el olía delicioso, dicen que un hombre que huele bien ahorra mil palabras con el su olor me bastaba para sentirme excitada; un beso cargado de deseo termino de derretirme ya quería estar con él, lo deseaba y extrañaba necesitaba desahogar todo el peso de los últimos días llenos de cambios. Pero los trancones en Bogotá a las 6 de la tarde son la muerte y más con el deseo que tenía por tenerlo adentro, mientras él se movía muy duro contra mí, así que por petición de él y deseo de mi parte baje un poco mis pantalones y mi tanga y comencé a masturbarme en el carro, mientras tomábamos la 68 para llegar a nuestro destino; fue delicioso masturbarme mientras el manejaba yo me tocaba, primero acaricie mi clítoris muy lentamente mientras el miraba como poco a poco me iba mojando de vez en cuando me daba una manita cuando podía quitar las manos del volante, cuando me sentí lo suficientemente húmeda introduje mis dedos el mi vagina lentamente y los sacaba hasta tomar un ritmo, el me pedía que le chupara los dedos mientras yo me masturbaba; el jueguito siguió hasta nuestra primera parada (por primera vez el camino me pareció demasiado cortico a pesar del trancón).

Nuestra primera parada fue un sex shop cercano, llevábamos meses planeando el sexo anal, pero como yo era virgen en ese sentido no habíamos tomado la decisión final, para ese día ya no teníamos nada que perder y el deseo era el que nos guiaba, me bajé y decidida fui a comprar un gel para sexo anal, además un anillo vibrador, ya un rato que quería probarlo. De ahí Salimos para el motel ahora si a probar y desahogarnos.

Como de costumbre iniciamos con sexo oral, como yo ya me había dado gustado en el carro, empecé por hacérselo a él, como su pene es de muy buen tamaño lo tome y empecé a meterlo lentamente en mi boca, a chuparlo y lubricarlo para llevarlo lentamente hasta mi garganta lo más profundo que podía me movía pasado la lengua de arriba abajo cada vez más rápido deteniéndome en su punta para chupar las pequeñas gotas que salían, luego bajaba hasta sus testículos y los metía en la boca mientras con la mano la movía de arriba abajo con el mismo ritmo, y otra vez a mi boca hasta que por fin llego y derramo su semen en mi boca y con ese sabor que siempre me ha gustado me lo pase. Para hacer el anal quería que primero me hiciera venir un par de veces así que antes de empezar unte un poco del gel anal por mi culo y mientras empezaba actuar le pedí que me diera con fuerza por la vagina y el accedió complacido lo metió lentamente para que me acostumbrara a su tamaño y cuando estuvo lo suficientemente dilatada subió el ritmo, me daba como si lleváramos meses sin vernos, me nalgueaba y yo como a su perra y yo estaba muy complacida; después de que llegue dos veces seguida le pedí que me la metiera por el culo quería aprovechar el clímax de los orgasmos y el lentamente se metió, debido a su tamaño al inicio sentí algo de dolor a pesar del gel, pero el poco a poco comenzó a moverse más y más rápido hasta que el dolor desapareció y comencé a sentir placer, él estaba en el cielo y yo ni se diga jamás pensé que el sexo anal me podía parecer tan placentero, después de un rato de embestidas logre el orgasmo uno muy bueno pero el no pudo llegar debido al gel, entonces lo lavamos bien y era mi turno de estar encima así que me subí y comencé a moverme de adelante hacia atrás muy rico, mientras tocaba mi clítoris y el me miraba como si quisiera que solo gozara de montar su pene me nalgueaba y apretaba los senos y yo iba muy rápido hasta que acerque su pecho contra mi pecho e íbamos cada vez más rápido hasta que por fin ambos llegamos al orgasmo

Y así termino la advertencia más loca de mi vida, ¡y le funciono!