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La inolvidable experiencia que voy a narrarles sucedió realmente hace muy poco tiempo y cuando digo inolvidable, hablo en serio, todos en nuestra vida sexual podemos haber tenido un sinnúmero de encuentros sexuales, algunos que  quizá por su insignificancia ya se olvidaron, otros que recordamos como realmente malos y se quedarán en nuestra memoria para siempre, pero siendo francos muy pocos realmente podrán ser recordados como experiencias realmente satisfactorias.  Pues bien, yo no soy la excepción y tengo la mía.

Nos encontramos una mañana de diciembre, con un sol bellísimo en una semana corriente en la ciudad de Bogotá, para ese entonces, yo disponía de tiempo para verlo seguido y casi que a cualquier hora, sabíamos que tendríamos sexo, pero se suponía que antes haríamos otra diligencia, que por supuesto aplacé sólo por la ansiedad de devorarme a ese tipo que me fascinaba y él por supuesto no se resistía con la minifalda que yo llevaba puesta ese día, a los dos, como ya era costumbre, nos volaba la imaginación, era evidente que teníamos una conexión sexual altísima. Llegamos a un hermoso motel ubicado en Chapinero, yo no sé qué tantas parejas entren a un motel a las 11 am, pero para nosotros era algo habitual hacerlo. Entramos a la habitación, pero no, él no es un hombre como cualquiera, que busca quitarte todo en seguida y te lo mete sin pensar, no, era un hombre paciente y delicado, pero fuerte y varonil,  que adoraba hacerme saber, con sus besos apasionados y su lengua pasando por mis labios, que él era quien iba a llevar las riendas y esto no me molestaba, ni me incomodaba,  todo lo contrario, me fascinaba, me enloquecía que usara su fuerza y su carácter para apropiarse de mí, para hacerme sentir que era completamente suya. Sin siquiera quitarme la ropa, ya me tenía a mil y muy húmeda. En la habitación, había una silla de esas que permiten hacer varias posiciones sexuales con más facilidad, como en una anterior ocasión no pudimos aprovechar una de esas, esta vez pensábamos desquitarnos, así que la primera parte de nuestro encuentro sexual transcurrió ahí mismo. Nos quitamos la ropa y llegó hasta mi vagina, decir que el sexo oral que me daba este hombre, era bueno, se queda realmente corto, nadie había llegado a ser tan dedicado a la hora de comerse mi vagina, realmente lo disfrutaba, se la devoraba, su lengua la recorría toda, haciéndome estremecer, con movimientos que no había experimentado antes, sus dedos penetrándome, hacían que le rogara porque me metiera su pene y luego de jugar con él, metiendo sólo la punta o recorriendo mi vagina con ella, me envestía fuertemente, hasta el fondo de mi, sin dejarme reaccionar, pero logrando que salieran los más espontáneos y sinceros gemidos que no había dado jamás, llevándome a un clímax que antes de él no conocía, se apropiaba de mi de tal forma que olvidaba por completo mis acostones con otros tipos. A mí, hacer sexo oral, siempre me ha gustado, pero no como con él, poner su pene en mi boca y ver su reacción al pasar mi lengua o labios por él, realmente me ponía caliente, por eso ese día no iba a ser la excepción, mientras me quede recostada en la dichosa silla y él de pié, tome su pene y me lo metí, era una escena impresionante: yo estaba desnuda y sudorosa y él de pie con su pene erecto y sólo para mí, no podía dejar de tocarme mientras jugaba con mi lengua y lo recorría por completo, me lo comía con deseo y casi que con desesperación, finalmente se vino en mi boca, mientras yo recibía complacida su semen, como si se tratara de un manjar, para mí lo era.  Terminamos cansados  pero como si no fuéramos a tener sexo nunca más, me tomo de nuevo y comenzó a penetrarme con sus dedos, era obvio lo que buscaba, hacerme venir pero esta vez, a chorros. Hasta que lo conocí, yo creía que el Squirt era una falacia, él me enseñó que no lo era pero sólo en una ocasión lo habíamos logrado, esta vez le costó menos tiempo y derramando mí liquido sobre la silla, llegue en un intenso orgasmo. La habitación se había alquilado por 6 horas y habíamos ya pasado unas 4 teniendo sexo, hablando y riendo, estar a su lado, provocaba en mi una seguridad y confianza inmensas, era obvio que estaba enamoradísima y yo no temía expresarlo estaba entregada a él, como jamás lo hice con nadie y me complementaba de una manera que a veces resultaba absurda.

Si me lo preguntan, diría que uno de los mejores momentos de un polvo, es aquel que se hace después del primer “round” puesto que el sexo se respira en el aire, todo es quizá más sencillo y no hay ropa de por medio. Él, un experto con sus dedos baja a mi vagina, sabe qué hacer y cómo me gusta, introduce sus dedos, mientras realmente yo estoy quieta, inmóvil, perdida en un erotismo increíble, nuevamente empieza a hacer los movimientos que hacía unos minutos, me habían hecho llegar al clímax, sólo que en esta ocasión fue mucho más fácil llevarme al punto máximo, ese en el que no puedes aguantar, cerré los ojos y de inmediato llegó junto al orgasmo otra pequeña “explosión” de agua, nos miramos de cierto modo, extrañados, pero con una sorpresa grata, venirme de esa forma sacaba de él un pervertido que sólo quería metérmelo, siempre pasaba así, ver un chorro saliendo de esa manera gracias a sus dedos lo sumía en un estado de excitación voraz, que obviamente yo disfrutaba muchísimo, así que rápidamente me penetraba mientras yo sólo podía gemir, mirarlo, dejar que me disfrutara y disfrutarlo a él, hasta que llegó y dejo su semen en mi abdomen. El cansancio obviamente nos venció unos minutos y de nuevo, después de besos y palabras sugestivas vuelve a introducir sus dedos, hacerme llegar le valió sólo unos segundos, y de nuevo con un squirt delicioso que yo no me terminaba de creer y me sacaba hasta inocentes sonrisas,  no queriendo desaprovechar el momento de extrema sensibilidad por el que yo atravesaba (así le llamo yo, porque no encuentro otra razón a ello)siguió estimulándome con sus dedos, sólo era cuestión de penetrarme con ellos, para que enseguida yo llegara de nuevo y asimismo él me lo metiera complacido, mientras agarraba mi cabello, y concluyera con un fantástico orgasmo. En cuestión de minutos repetíamos el proceso y así fue que aquella tarde junto a un hombre inolvidable, alcancé 16 orgasmos en forma de Squirt.  Como lo imaginarán, todo era un desastre, mi cabello, mi maquillaje, la habitación y sí, también mi estado físico,  Llegó el momento de irnos, me duché, me vestí , maquillé y quedé medianamente presentable, como para darle la cara al mundo que afuera me esperaba y del que por unas horas me había olvidado. Aduciendo que tardo mucho más en arreglarme, él permaneció acostado  y aún desnudo, verlo me producía muchas sensaciones, máxime cuando me había dado 16 orgasmos, su complacencia y hombría me seducían y excitaban mucho y simplemente no pude resistirme, en seguida me quité la minifalda y los cacheteros de encaje que llevaba ese día, en botas me subí a la cama, me puse encima de él y dejé que sus labios y lengua tocarán de nuevo mi vagina que por supuesto ya estaba húmeda, comenzó nuevamente a meter sus dedos, yo dudaba que quizá pudiera llegar de nuevo, pero sucedió, esta vez mis fluidos llegaron a su boca, y corrieron por su cuello, hasta terminar de dejar la cama realmente arruinada.

Quizá muchos no crean mi historia y piensen que es sacada de una bizarra película porno o producto de mi pervertida imaginación, a mi me basta con saber que es cierto, tuve 17 orgasmos prácticamente seguidos, descubrí muchas cosas de mi cuerpo que no supe en 26 años, comprendí lo maravilloso que es encontrar a un caballero que ama complacerte y  aquel día, más que cualquier otro, supe lo que es tener sexo con un hombre de verdad.

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