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Quiero compartirles algo de lo que escribo basado en mis experiencias

Santiago era arquitecto, tenia de 23 años, pelo castaño ondulado, ojos cafés claros, piel clara, media 175 centímetros. Contextura mediana.

Paola era estudiante de francés, pelo negro, muy liso, ojos verdes, grandes, piel clara como el armiño, 168 centímetros, pierna largas tonificadas, glúteos atractivos. Cara armoniosa. Vivía con sus padres.

Los dos habían nacido en la misma cuidad, pero nunca se habían visto, ambos junto a sus familias al inicio de la adolescencia, se habían mudado a ciudades distintas y ahora el destino los había puesto en la misma cuidad. esta vez Paola era la local, pues Santiago había llegado en comisión de su empresa y se había instalado en su casa.

Al principio los dos ni siquiera se veían pues el salia muy temprano y llegaba muy tarde; ella por su parte siempre estaba en su universidad; algunas veces  se cruzaban saludándose de manera corte, ella siempre iba vestida con jeans y camisetas, el siempre lucia informal, fresco e irradiaba tranquilidad.

Con el pasar de los días coincidieron a la hora de la cena y fue de esta manera que empezaron a romper el hielo, se dieron cuenta que habían nacido en la misma cuidad, evocaron recuerdos de su infancia en incluso recordaron amigos que desconocían tener en común. Empezaron a encontrarse en las noches para departir, pese a las advertencias que le había hecho su madre a Paola, respecto de involucrarse con los visitantes de la casa. Así que estos encuentros habían empezado a convertirse en clandestinos. Una noche mientras Santiago trabajaba en su computador ella se acerco a conversar, nuevamente hablaron de sus vidas, rieron parte de la noche e hicieron una apuesta que el estaba completamente seguro de ganar y según ella “encantada de perderla”, efectivamente el tenia la razón y se llevo la victoria. Esta era el gancho para que ella lograra que Santiago desviara su atención hacia ella, acordaron salir al final de la semana.

Llego el viernes y con este día la tan esperada cita de Santiago y Paola, el llego ese un poco mas tarde de lo habitual, vestía un pantalón café, camisa a rayas, chaqueta de aviador en cuero y zapatos a tono con el resto de su ropa. Al arribar a casa no veía a su cita por ningún lado así que decidió hacer algo de ruido para hacerle saber a ella que ya estaba en casa, pues los dos sabían que los padres de la estudiante de francés no aprobaban mucho este tipo de cosas. De repente en la sala de esa casa apareció una mujer de labios rojos como el rubí, ojos claros enmarcados en un delineado negro, piel clara con algo de rubor en la cara, llevaba un largo vestido negro que dejaba su espalda descubierta, ciñéndose a su cadera, ademas unos zapatos de tacón y con olor a Signorina by Salvatore ferragamo; Al verla Santiago dejo lo que estaba haciendo y de ocupo de contemplar anonadado por la belleza de esta mujer. – ¿Te gusta?- pregunto ella, -Me encanta- dijo el con total descaro.

Salieron de casa y caminaron por el Boulevard en medio de una noche clara y con un cielo lleno de estrellas, lo hicieron durante media hora, tiempo en el que acabaron de entrar en confianza, se rieron todo el camino mientras se contaban historias de su adolescencia; al fin llegaron al lugar que ella había elegido para pagar la apuesta que ella gustosamente perdió, este era una bar de luces tenues, con un grupo de Jazz que tocaba en vivo, pocas mesas, todos los asistentes vestidos de manera elegante.

Los dos eligieron un martini para amenizar su encuentro, nuevamente se sumergieron en una amena conversación, entraron en confianza y empezaron a crear una lazo de confianza; Santiago se sentía bien al lado de ella, incluso en algunos momentos llego a sentirse nervioso por la cercanía,  pues aun no creía que una mujer con tanta belleza pudiese fijarse en el.

Terminaron su velada y afuera hacia frío por lo que ella decidió que caminaran mas cerca de lo permitido, junto su cuerpo con el de el y poso su cabeza en el hombro, mientras Santiago la abrigo con su chaqueta de aviador, ella se sentía confortada y cómoda, pues en parte estaba logrando lo que quería, el no era indiferente al contacto con ella, pues había empezado a darse cuenta de la atracción  mutua, llegando a casa de Patricia ella se paro en la esquina y le mostró una casa con una  arquitectura única y aprovecho para darle una beso. Santiago aunque sorprendido correspondió tomándola de la cintura y apretándola contra el, para luego tomarla por su rostro y darle un profundo y largo beso.

Aquí empezó esta aventura que parecía de adolescentes pues nadie podía enterarse de esta relación, por que a Paola sus padres no lo permitían y Santiago tenia una relación con una mujer; situación que conocía Paola y que aceptaba, pues se sentía atraída por el y no le importaba, ademas albergaba la esperanza que el se quedara junto a ella.

Los encuentros se volvieron casi que nocturnos, aunque en el almuerzo coqueteaban entre ellos, Santiago se las arreglaba siempre para quedarse hasta altas horas de la noche trabajando, solo para que ella lo pudiera acompañar, siempre dándose besos castos pues hasta en eso parecían en una relación de la  adolescencia, obviamente esto no duro mucho, pues a la séptima noche, mientras ella  vestía una bata corta el metió su mano bajo la misma acariciándole el pecho, el abdomen, la espalda, los glúteos y por ultimo su sexo por encima de la ropa interior, al mismo tiempo que ella lanzaba un suave gemido al oído de Santiago, estremieciendolo y generándole un gran erección, mas grandes de la que lo había hecho al sentir en sus manos el cuerpo de Paola.

  • ¿Que tal?-
  • Me gusta mucho, aunque se siente un poco raro.
  • ¿ Por que?
  • Nunca había sentido una vagina con vello púbico. Paola se levanto la bata y descubrió su monte de venus, enseñandole a Santiago sus genitales, – ¿No te gusta?-
  • No es que no me guste, solo que no estoy acostumbrado. Dijo el sorprendido y titubeando, – eres muy linda y me antojas mucho-, ella se sonrojo al mismo tiempo que le daba un beso provocativo. Depronto se oyeron pasos en la escalera lo que hizo que se separaran casi de inmediato interrumpiendo su encuentro, era la mamá de Paola quien no vio con buenos ojos que los dos estuvieran solos a altas horas de la noche. Sin embargo lo único que dijo fue,- Es tarde y es hora de dormir-. Paola miro a Santiago y se retiro a su cuarto, con el deseo a flor de piel.

Paso una semana en la que solo pudieron verse en horas del almuerzo pues Paola tenia los ojos de sus padres encima y ninguno de los dos quería problemas, al terminar este tiempo por casualidad se quedaron estudiando y trabajando hasta tarde en la noche, el en sala y ella en la habitación  y aprovechando la oportunidad ella se puso una cómoda pijama,  una ropa interior de encaje y se acerco a donde el estaba, se bajo levanto la pijama, tiro de su encaje, lo miro fijamente a los ojos, le mostró sus pubis rasurado al mismo tiempo que le tomo de su mano derecha, frotándola contra su monte de venus y le dijo – Parezco una niña-, pero -¿así crees que me veo mejor?- ¿Te gusta verme y sentirme así?-; el se quedo sin palabras pero su cara lo decía todo, le encantaba sentirla y cada vez Paola lo provocaba más.- lo hice solo para que tu disfrutes de verme y tocarme-, y se retiro a su habitación, dejando a Santiago en medio de una dura erección y con ganas de desnudarla por completo.

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picasydiamantes@yahoo.com.co

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