El hombre que se coge la mujer moderna

¡Saben!, cuando empiezas a experimentar más cosas a nivel sexual dejan de sorprenderte muchas cosas, la perspectiva que tienes sobre la sexualidad tras el desarrollo de diferentes practicas empieza a cambiar, dejas a un lado el tabú y lo que para algunos parece retorcido y enfermizo, para ti empieza a ser de cierta forma “normal”.

Como mujeres, nos es difícil abrirnos mucho a ciertas experiencias, tras la ejecución desenfrenada y poco convencional de algunas practicas llegamos a sentirnos mal, y es que la comunidad nos invade con comentarios como: “Eso es para las necesitadas”, “Uno debe no quererse como para llegar a hacer eso”, “Si hizo eso conmigo, imagínese esa perra todo lo que habrá hecho con los otros”, “Ha caído bien bajo, ya no se respeta”, etc. Y a toda esa opresión, súmele las inconformidades e inseguridades con las que cada una vive, “Que estoy gorda”, “Que su exnovia está más buena que yo”, “Que mi vagina está oscura”, “Puede que no me mueva tan rico”, “Que el embarazo me dejo vuelta mierda”, “Que el parto me la puso más ancha”, etc.

Llega un momento en la vida de toda mujer sexualmente activa en el que se pretende experimentar, es muy difícil llegar a conocernos por completo si lo intentamos solas, entonces buscamos a un hombre que nos colabore y que en ese proceso no nos juzgue. Pero parece que para los hombres eso resulta ser una tarea muy difícil y no los culpo, en ocasiones no somos realmente claras.

Si buscamos a un hombre para experimentar sexualmente estamos expuestas a dos cosas: A que nos falten al respeto o a que en el mejor de los casos, nos entiendan. Muchas prefieren no exponerse y por miedo al rechazo y al maltrato, exigen de una u otra forma establecer una relación “seria” para empezar a fornicar; y realmente las comprendo, a los hombres por lo general les gusta presumir de como destruyen la santidad de una mujer y sobre todo les encanta sentirse dueños de una vagina.

Por otro lado hay mujeres que no comen de eso, no le temen al rechazo y son realmente más arriesgadas, y aunque sus insinuaciones sexuales por lo regular son aceptadas con facilidad, son pocos los hombres que con madures asumen el reto de complacerlas. Ellas desean sexo, pero no desean ser tratadas como el hueco caliente que usan para masturbarse. El tener derechos sexuales con una mujer de una u otra forma también exige respeto; respeto por sus intereses, por sus decisiones, por sus comentarios, por sus exigencias, por sus preferencias y sobre todo por su cuerpo.

La mayoría de hombres al verse en desventaja sexual ante el desempeño sexual de las mujeres, en vez de aprender y disfrutar de ellas y con ellas, prefieren maltratarlas y humillarlas con comentarios degradantes, porque para ellos tiene más valor una vaca muerta, porque normalmente suelen ser menos “recorridas”. Las vírgenes, las religiosas, las machistas, las inseguras, las dependientes y las inexpertas, si son mujeres que valen la pena, son mujeres que sirven, porque por lo general son esas las que terminan sirviéndole a las vidas de ellos: sirven para planchar, para cocinar, para cuidar a los hijos, para asear la casa y las madres de ellos lo saben, saben que sus hijos son tan inseguros y tan inútiles que necesitan de una mujer que les haga todo, y dicen: “Esa es la mujer que mi hijo se merece”.

El feminismo al igual que la lucha por los derechos de igualdad de los homosexuales, han permitido que las mujeres día a día seamos más exigentes en todos los aspectos, y el aspecto sexual no se escapa, así que con la mente un poco más abierta y con independencia económica, si decidimos que un hombre nos acompañe en nuestra vida, tiene que ser un hombre que viva bajo los mismos principios, un hombre que le permita a la mujer disfrutar de su independencia económica y que por obvias razones también tenga la mente abierta a muchas nuevas perspectivas y nuevas experiencias.

Pierden puntos los hombres que creen que el dedo en el culo los vuelve homosexuales, pierden puntos los hombres que no se sienten capaces de darnos un trío con otro hombre, pero si exigen un trío con otra mujer. Pierden puntos los hombres que nos clasifican por la cantidad de parejas sexuales que hayamos tenido, así como también pierden puntos aquellos que piensen que no podemos vivir sin ellos. Pierden una enorme cantidad de puntos los hombres que quieran manejar nuestro tiempo y se nieguen a experimentar posiciones nuevas, pierden muchos puntos los que no se dejan besar después de que les practiquemos sexo oral, los que sienten asco por besar nuestras vaginas o los que califican nuestra belleza a partir de vanos estereotipos.

Cada hombre decide qué tipo ser, ser el macho alfa opresor que todo lo puede, todo lo tiene y todo lo da o ser el compresivo, objetivo, amable y determinado. El segundo evidentemente tiene más sexo que el primero.

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