¡Hermosa!, no necesito ser hombre para hacerte el amor.

¡Sabes! Desde pequeña me he sentido rara, comprendí hace algún tiempo que tengo la capacidad de amar por igual a hombres y a mujeres. No me siento enferma, tampoco me siento inestable, me siento feliz, porque mi cuerpo y mi mente no se cierra ante el sentir, ante el acariciar, admirar, detallar y amar a la persona que se lo merezca, independiente a cual sea su sexo.

Los hombres me han llenado de cosas hermosas, debo decir que a pesar de su aspecto rudo, están colmado de un gran corazón y mucha comprensión, sus cuerpos son armoniosos y su pene maravilloso; el sexo con ellos es inimaginable, la cara de placer al penetrarnos, puedo decir que soy incapaz de cambiarla por algo diferente. Tristemente, algunos no ven el sexo de una forma más ajena al placer, debo decir que muchos de ellos no alcanzan un plano más espiritual desde la primera relación sexual, tampoco los culpo, su composición hormonal, su desenvolver cultural y su anatomía física, no se los permite con facilidad, a menos que en verdad sientan amor… pero todo es un proceso.

El sexo con las mujeres, alcanza desde el primer instante ese plano espiritual del que les hablo, es por esta razón que en ocasiones me siento más completa, amada y apreciada teniendo sexo con mujeres.

Es hermoso el encuentro sexual con ellas, a veces pienso que debería llamarse diferente, pues tener sexo con un hombre es completamente diferente a tener sexo con una mujer, la ciencia debería considerarlo.

Amo los besos de ellas, son apasionados, calmados, tiernos y sinceros, igual que su intelecto y su corazón, sus labios se sienten suaves, delicados, es como comer algodón de azúcar; sus manos, saben tocar exactamente lo que mis ojos piden y mis manos, simplemente se dejar llevar por sus ojos; no podría explicarles como sucede, porque yo tampoco lo entiendo. El cuerpo de la mujer es divino, armonioso y perfecto, sus senos poseen cualidades hermosas, las hacen ver muy bellas, su ombligo y su abdomen, parecen una gran cara feliz, es como si el cuerpo de ellas te sonriera; acariciar su cuerpo parte por parte me enferma, es precioso.

Nadie sabe lo especial que me siento al consentirlas y amarlas, al ver como sus ojos se cierran libres para sentir lo que les transmito, su vagina es precisa, llena de alma, de sentimiento; jamás puedo evitar besarlas, ¿Cómo poder solo besarle solo unos labios, cuando tiene varios?, estos labios transmiten mas, su olor es exquisito, puro e inigualable. Su clítoris es como un Dios, las trasporta a otro mundo, un mundo que puedo manejar a mi antojo, el problema es que mi cursilería acaba al interactuar con él, después de sentir su clítoris, lo que de mi despliega son grandes ganas de darles placer.

Hay quienes dicen que el placer es banal, pecado e inaceptable; con ellas podre ser siempre banal, pecadora e inaceptable. No puedo evitar provocar extraordinarias emociones en sus rostros, no soy capaz de contener mis dedos para explorarlas completas, ¿Tendremos acaso varias puertas a diferentes mundos?, ¿Debo tocar o irrumpir?, si yo abro mil puertas a diferentes mundos mientras las acaricio, ellas son capaces de transportarme a millones de mundos diferentes en el trascender del sexo que solo junto a ellas puedo disfrutar.

La masturbación es clave para empezar a sentirla completa, es excitante y placentero, sentir mis manos llena de ella, del amor, de la paciencia y del regocijo que experimenta conmigo, me conecta a ella en planos inalcanzables, me convierte en imparable, mi lengua se vuelve loca mientras conduce su viaje y mis manos se convierten en maquinas de placer que solo ella experimentara conmigo, claro, si me lo permite. En el más alto placer no puedo evitar besarla, acariciarla, mirarla y ponerme sobre ella, para que compartamos eso solo nosotras somos capaces de producir una por la otra, nuestros fluidos.

Moverles mi cadera mientras ellas abren sus piernas sobre la cama, no es lo maravilloso del encuentro, lo que en verdad excita y complementa el momento, es saber que por un instante, ella esta solo para mí, es un momento perfecto; nadie la va a juzgar, nada la va a hacer sentir extraña, porque yo comparto con ella, lo mismo que ella ha decidido compartir conmigo.

De su orgasmo se encarga mi lengua, en la mayoría de los casos; la música de fondo que suelo escuchar cuando ella se deja amar por mí guía el ritmo de mi lengua, y melodiosamente la complazco, entre sonido altos y bajos bebo de lo que ella me ofrece, mis dedos la cogen con fuerza y sin temor a lastimarla, hasta que ella baña mi alma en un extraordinario squirt.

Así le miro los ojos… y ella sonríe de amor y emoción.

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