¡Yo prefiero los penes pequeños!

Siempre que hablo con mis amigas sobre sexo, para ser más exacta, sobre las experiencias sexuales que tengo, la primera pregunta que me realizan es: ¿Y cómo lo tenía?. Cuando era más pequeña les mentía, exageraba los tamaños y ellas decían: ¡Ah, entonces fue una buena faena!

Hace unos años atrás tuve un novio bastante “tierno”, mis amigas me envidiaban porque él usaba pantalones ajustados pronunciando su gran bulto. Hacían comentarios como: “Lincy, ¡pero que envidia!, ese si es un hombre completo”, no les decía nada, pero la verdad es que el sexo con él era terrible.

Una vez medimos su pene por curiosidad, media 23 cm de largo y 4.5 cm de diámetro. No me pregunten cómo me cabía, porque realmente no me cabía, sufríamos muchísimos: yo, porque a pesar de que lubricaba bastante, después de 10 minutos el sexo se tornaba doloroso; y él, porque no podía sumergir su pene por completo, le quedaban como 5 cm por fuera y se frustraba. En ocasiones cuando estaba muy excitado, entraba con mucha fuerza y llegaba hasta el final de mi vagina, sentía como si me estuviesen martillando, como si quisiera sacarlo por mi boca; esos momentos eran tan dolorosos que toda sensación placentera desaparecía, yo dejaba de lubricar y me quemaba la penetración. Y ni hablar del sexo anal, me daba diarrea intensa de solo pensarlo.

Cuando era más pequeña fantaseaba mucho viendo porno, ¡llámenme golosa!, buscaba en la categoría de morenos y me masturbaba imaginando como me rompían el culo con sus grandísimas vergas. Lo sé, es un poco incoherente frente a la experiencia que tuve con “una grandísima verga”. Y aunque no lo crean, en ocasiones, cuando me masturbo viendo porno, busco la misma categoría e imagino exactamente lo mismo hasta chorrear.

¡Maldito porno, ha acabado con la vida sexual de muchos!

Prefiero las vergas pequeñas, las vergas “normales”. Aquellas que no atragantan cuando se les practica garganta profunda, aquellas que no martillan el fondo de mi vagina cuando les pido que me den bien duro, aquellas que me permiten incluir miles de juguetes y no me maltratan, aquellas que se ponen duras y permanecen restas (Odio que se incline la erección por el peso). Prefiero los hombres que no tienen que presumir de un gran tamaño, pero si de su estupendo rendimiento.

Mi preferencia no se puede generalizar, a muchísimas mujeres les encanta sentir que en realidad les abren con fuerza la vagina, lubrican más sintiendo como con esfuerzo el pene les resbala durante la penetración. Las vaginas al igual que los penes son diferentes, ellas a lo mejor logran mayor elasticidad, yo no. Yo a diario practico ejercicios kegel, mi vagina de por sí ya parece más angosta que las demás y cuando estoy muy excitada, los músculos de mi vagina se contraen ejerciendo mayor presión en el pene. Y ni hablar de mis contracciones orgásmicas, son bastante fuertes y un pene grande no me permite ejecutarlas placenteramente.

Lo que quise demostrarles con esta nueva entrada, es que la sexualidad en todas las personas se desarrolla de forma diferente, no todas las vaginas son iguales y no todos encuentran placer en las mismas prácticas. A veces las fantasías solo son placenteras cuando son fantasías, su ejecución real puede ser traumática. No necesitas de un pene de 22 cm para complacer a una mujer, muchas no necesitamos más de 15 cm, incluso mujeres que sufren disfunciones sexuales como el vaginismo sueñan con un micro pene. El porno juega con las personas y sus fantasías, intentar recrear la sexualidad tal y como lo hacen sus películas, llegará a ser realmente traumático. Existen ejercicios que tonifican la vagina, así como también existen para el pene. Crear complejos con respecto a nuestro aspecto físico es realmente estúpido, siempre habrá alguien encantado y feliz con lo que somos y tenemos.

 

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