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Sin querer comencé a jadear un poco. Estaba por completo entregada, sin voluntad, a su merced, como siempre lo quise. Me recostó con suavidad en la cama, me dio la vuelta para quedar boca abajo y subió mi vestido por encima de mis nalgas. Acarició en círculos mi redondito trasero y apretando con suavidad mis caderas me hizo levantar un poco y bajó mis panties dejando mi culito al descubierto. Me sacó por completo los calzoncitos y me pidió abrir mis piernas…lo que vino después jamás creí que fuera a suceder esa noche…

Así, sin quitarme el vestido, me tenía con las piernas abiertas y mi cerebro por completo en shock. Siguió acariciando mis nalgas con ternura, pasaba uno de sus dedos por mi pequeña abertura haciendo que diera un pequeño salto cada vez que sentía esa caricia. Comenzó con la punta de su dedo a presionar un poco hacia adentro, suavecito, despacito. Mi anito se apretaba cuando sentía esa presión y entonces me dijo: Relájate, aflojalo un poquito. Recordé aquellas aventuras de niño cuando intentaron sin éxito penetrar mi apretada fortaleza.

Se levantó, escuché que abrió un cajón de una cómoda. Un ruido como de plástico al desenvolverse acompañó ese momento. No quise voltear. Sentí que regresó junto a mi, volvió a acariciar mis nalguitas, a pasarme un dedo por el hoyito y entonces sentí que me bañaba el ano con un líquido que sentí frío y de consistencia como aceite. Comenzó a ambadurnar todo el contorno de mi entrada trasera y de repente, wowwww, sentí como empujaba con más fuerza la punta de su dedo haciendo que mi hoyito se apretara por reflejo. Me dió una nalgada acompañada de una carcajada y me dijo: aflójate, porque si no te dolerá. Respiré profundo y traté de relajarme.

Volvió a la carga con su dedo. Sentí que entró de nuevo aunque este vez no apreté. Lo dejó unos segundos sin moverlo y de repente sentí como metía lo que faltaba. Mmmmm, una sensación deliciosa. Dejó unos momentos su dedito dentro de mi, sentí que puso un poco más de lubricante y despacito sacó al intruso de mi trasero. Creí que la aventura había terminado cuando, oh sorpresa: Sentí un cuerpo mucho más grueso que su dedo (mucho más) rondando por mi entradita. Teníamos para nuestros encuentros un amiguito de 22 centímetros de largo y de bastante buen grosor. Pero hasta entonces solo había sido para ella.

Traté de relajarme al máximo, respiré de manera profunda, levanté las caderas como ella lo hacía y sentí el empujón de la cabeza entrando…ufffff, sentí que me abrió por completo, el dolor fue intenso, caliente, me dejó sin aire. Levanté más las caderas como reacción a la entrada del amiguito y le pedí que lo sacara. Solo dijo “mmmmmm” y lo sacó despacito. Ufff, otro impacto que no esperaba cuando me dejó la sensación de vacío en mi culito. Esperé a que disminuyera un poco el dolor, levanté mis caderas, tomé mis nalgas con las manos, las abrí un poco y le pedí que lo metiera de nuevo. No se hizo del rogar. Untó un poco más de lubricante y sentí la punta de ese delicioso dildo en mi entrada. Empujó con fuerza y plop, sentí que entraba esa cabecita en mi.

Esta vez, la sensación fue de dolor pero de un inmenso placer al mismo tiempo. Siguió empujando el palito y wowww, la sensación de sentir como te va llenando el huequito, como tu culito se va abriendo amoldandose al visitante, como parece que te llega hasta el estómago, como tu entradita se encuentra por completo dilatada, es indescriptible. Es maravillosa la sensación de sentirte poseido, de sentir que estás a merced del otro, que puede hacer de ti lo que quiera y que tu solo te dejarás llevar, sin pensar, sin remordimientos, sin ataduras. Creo que entiendo por qué se utiliza el término irse, literalmente te vas de tu realidad y te instalas en el placer, en la lujuria y solo atinas a pedir un poco más.

Una noche maravillosa. Ella me veía son una sonrisa y yo solo sentía que no podía cerrar las piernas.